- Quiero ser vendedora de sueños - le soltó con mucho orgullo.
Su abuela la miró con cara de "¿y a esta loca que le pasa?"
- ¿Vendedora de sueños? - le espetó como si hubiese dicho la frase más estúpida del mundo.
- Sí abuela, vendedora de sueños - le dijo con impaciencia.
- ¿Y por qué querés ser vendedora de sueños? - la interrogó seriamente.
- ¿No te diste cuenta de cómo está la sociedad de ahora? - le cuestionó - Nadie cree... Nadie cree en la magia... Nadie cree en que los sueños se cumplen... Perdieron la fe, la capacidad para soñar - declaró con una trizteza sincera - Vas caminando por la calle, y ves a todos caminando con paso apurado y metidos en su mundo, con la cabeza en otra parte, apagados... Ya nadie se pone a soñar como es debido... - continuó - Yo quiero devolverles esa fe, devolverles la belleza de soñar, devolverles la capacidad de creer con el corazón...
- ¿Y cómo pensás hacerlo? - le dijo su abuela con real entusiasmo y con una sonrisa grabada en el rostro. Al parecer la había convencido con su monólogo.
- No lo sé - declaró tras un suspiro - Quizá convenciéndolos de que si todos los días cierran sus ojos tan sólo diez segundos y piensan en lo que más anhelan en el mundo y lo desean con el corazón, esto se cumplirá...por que eso, eso es soñar,soñar que lo imposible, es posible
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