jueves, 13 de octubre de 2011

No es tan fácil como tú piensas.
-Ah, ¿no? ¿Acaso yo no he pasado por ello?
-Vos... sos distinta. Y tu historia también lo es.
-Pero en el fondo, nos parecemos demasiado, y cuando te digo que el tiempo lo cicatriza todo no te miento, porque yo misma he experimentado sus efectos.
-¿No dicen que el tiempo lo CURA todo?
-No, en eso sí que no estoy de acuerdo. En mi opinión, el tiempo no puede curar; sí cicatrizar, cerrar heridas, empañar tus recuerdos... Pero curar, hacerte olvidar, hacer que puedas seguir tu vida como si nada hubiese pasado, eso sí que no. Todo deja su marca, y si no la deja es que nunca fue lo suficientemente importante, nunca significó tanto. he dejado de depender de una droga a la que era adicta; ahora dependo de otra, otra mucho mejor. Ésta no daña, ni confunde, ni tiene efectos a largo plazo. Es pura como ninguna, agradable y adicitva pero nunca perjudicial para la salud.He dejado la melancolía y me he pasado al amor. Cualquiera puede hacerlo, cualquiera que de verdad quiera hacerlo.
-Sigo sin entender tu razonamiento. Según lo que has dicho, ¿es posible desear el cambio y conseguirlo?
-Tampoco se trata de eso. Cuesta, demasiado. Pero es cuestión de esfuerzo, de fuerza de voluntad, como cuando intentas dejar de fumar. Pero es cuestión de empeño. Uno no puede dejar de fumar de repente, ni de estar enamorado. Uno va arrinconando sentimientos.
-No te entiendo... ¿Qué tiene que ver todo eso con salir de este estado de dependencia?
-Pues es muy fácil. Basta con que llegue otra persona que lo cambie todo. Produce un desequilibrio agradable en cierto modo, pero al final todo se estabiliza y vuelves a la normalidad. Una vez en ese punto lo demás tendrá cada vez menos importancia. Tu anterior recuerdo perderá nitidez con cada día que pase, pasarás de las lágrimas a la felicidad. ¿Y todo eso por qué? Porque la mejor droga de la que se puede depender es el amor, hasta los médicos lo dicen.
-Y... ¿cómo empezar?
-Esa es la mejor parte. Mira por la ventana.
-¿Qué pasa? Sólo veo el jardín.
-Llueve.
-Y si, ¿por qué te crees que no he salido hoy?
-Pues ese es tu primer error. Tienes que hacerlo. Sin paraguas.
-¿Estás loca?
-No, en realidad es algo que está científicamente demostrado: el agua purifica. Sal ahí fuera sin paraguas, deja que la lluvia te empape; grita si quieres, corre, déjate llevar por el viento y por la lluvia.
-De verdad, cada día te entiendo menos.
-Eso es porque nunca has salido sin paraguas.

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