domingo, 13 de noviembre de 2011

Perdí mi ilusión cuando te conocí. Perdí toda esperanza de encontrar un nuevo amor. Todo mi mundo se centró en ti. Te odio. Créeme que te odio por ser tan especial, por haber conseguido robarme hasta la más mísera esencia de mi. Para que mentir, no te odio. Me odio a mi misma por no poder controlar todo esto. Se me va de las manos.
Siempre he tenido la fortaleza de pensar que cuando un amor se iba había que abrir una nueva puerta para que otro ocupara su lugar. Ese pensamiento desapareció. Lo conseguiste. Rompiste cualquier fuerza que hubiera podido quedar en mi. Deseabas hacerme daño y ya puedes estar satisfecho.
No quiero saber nada referido al amor. ¿Amor?. Es sólo un producto de nuestra propia mente para tener algún motivo por el que ocupar el tiempo sufriendo.
Temo volver a enamorarme, encontrar alguien que me haga olvidarte y que vuelva a hacerme el mismo daño que tú. Veo difícil que esa maldad pueda ser superada. Temo reconstruir mi corazón y que vuelvas para destruirlo todo.
Extraño sentir el calor de un abrazo, de un beso desinteresado. Sentir esa protección que te da el sentirte amada. Es cierto, no quiero saber nada del amor pero me gustaría volver a recibir un abrazo por sorpresa. Poder dar mil besos por el simple echo de que quiero darlos. Extraño tus labios, tus respuestas sorprendentes que conseguían dejarme sin palabras, tus gestos, tu risa, tu cuerpo, tu forma de morderte los labios, todo.
Cada vez me cuesta más llorar, mostrar lo que siento. Pero ya no me cuesta mentir. Se me esta haciendo fácil sonreír sin ganas y que no se note.
Conseguiste volverme en lo que más he odiado siempre, en un ser insensible, impasible ante cualquier circunstancia.
Sólo me queda decir que lo único que no cambió fue esto que aún siento por ti. Este amor no muere por mucho que lo pisotees. Deberías rendirte. Viste que ni con el peor de los males me olvido de ti. No puedo...

No hay comentarios:

Publicar un comentario